El fenómeno de los incendios forestales se ha convertido, debido a la elevada frecuencia e intensidad que ha adquirido en los últimos años, en uno de los mayores problemas ecológicos que sufren nuestros bosques.
El fuego es un elemento natural que forma parte de los fenómenos que modelan el paisaje. Especialmente en los países mediterráneos, debemos admitir que el fuego es un incómodo compañero de viaje con el que hay que convivir.
Precisamente, gran parte de nuestra vegetación está adaptada a la acción del fuego, con estrategias rebrotadoras o de germinación tras el incendio. Pero la actual situación no tiene nada que ver con fenómenos naturales. La intensidad y recurrencia de los incendios forestales está teniendo efectos dramáticos sobre nuestro suelo, con efectos irreversibles en algunos casos. El fuego reiterado provoca una merma en la capacidad de la vegetación de recolonizar el terreno o tapizar el suelo. Las elevadas pendientes aumentan además la erosión generando suelos cada vez menos productivos. Avenidas, inundaciones, colmatación de embalses y sequías son consecuencia del paso repetido del fuego por nuestros ecosistemas.
A la luz de las actuales cifras de incendios hay que reconocer que algo se ha ido de las manos. La situación en la década de los 90 ilustra la profundidad y gravedad del problema: entre 1990 y 1999 se produjeron 181.051 incendios forestales. Es decir, una media de 18.000 incendios al año. En ese periodo, 652.492 Ha. de superficie arbolada fueron destruidas por los incendios forestales. A las que hay que añadir otras 946.916 Ha. de superficie forestal no arbolada que también sufrieron el impacto de las llamas. El 95% de estos incendios son originados por la actividad del ser humano.
La actual magnitud del fenómeno de los incendios forestales se debe a factores estructurales importantes, entre los que destacan: i) el abandono drástico de las actividades agrosilvopastorales que se ha producido en apenas treinta años debido al éxodo rural, con un incremento de la
biomasa en los ecosistemas que los hace fácilmente combustibles; ii) la permanencia de la cultura del fuego (quema de rastrojos y pastos) en un amplio espectro de la población rural.
La lucha contra los incendios forestales se ha centrado casi exclusivamente en la extinción, olvidando la prevención y una correcta planificación forestal, enmarcada en una buena ordenación del territorio. Pero lo cierto es que en la actualidad las mayores inversiones en materia forestal están destinadas a la extinción de incendios, la construcción de infraestructuras asociadas a éstos: red de cortafuegos, red de pistas forestales, puntos de agua, etc. y reforestación de terrenos incendiados. Es decir, que si existe algún negocio floreciente entorno a los bosques, éste está asociado a apagar incendios y repoblar zonas quemadas.
Pero la investigación y el combate de las causas no han sido objeto hasta hoy de la atención de las autoridades. Si hay responsables hay que identificarlos, analizar las causas que les inducen a provocarlos y plantear soluciones. Estas pasan necesariamente por el establecimiento de una gestión forestal correcta y la definitiva aceptación de que tras los incendios forestales existe una compleja madeja de problemas sociales, económicos y de gestión que invitan a huir de planteamientos simplistas y recetas mágicas.
En tanto no se empiece a desliar esta madeja, quienes queman nuestros bosques seguirán gozando del privilegio de la impunidad.
Diez propuestas para acabar con los incendios forestales (link):
1.-Establecimiento de una gestión forestal que reduzca el riesgo de incendio. Ésta deberá garantizar la heterogeneidad y diversidad característica de los ecosistemas forestales y el establecimiento de un paisaje en mosaico menos propenso al fuego.
2.-Impulso de la prevención garantizando el equilibrio conservación-producción, centrando los esfuerzos y las inversiones en la práctica de una silvicultura preventiva: desbroces selectivos y localizados que no supongan la total eliminación del monte bajo, claras generalizadas y selectivas (evitando en todo momento las cortas a hecho).
3.-Planificación de programas de reforestación (una vez que se haya garantizado la conservación de las masas existentes) selectivos que tengan en cuenta de forma prioritaria el riesgo de incendios a la hora de elegir las especies adecuadas (siempre nativas del lugar) y el tipo de estructura que deberá tener, en ningún caso homogénea o monoespecífica. No se deberá permitir ningún proyecto de repoblación en cuyo presupuesto no figure claramente una partida que garantice su posterior conservación y aplicación de los tratamientos silvícolas adecuados que la hagan evolucionar hacia
la madurez.
4.-Control, mediante una legislación adecuada, de los canales de comercio de la madera quemada (dado el gran volumen de ésta) con el fin de evitar la depreciación y especulación de precios que produzcan un quebranto del mercado. Será preciso establecer un circuito propio de comercio para la madera quemada perfectamente controlado y transparente que garantice la imposibilidad de abaratar arbitrariamente los precios, directa o indirectamente, por parte de la industria del tablero y el papel. Obligatoriedad de realizar un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) previo a la extracción de madera quemada, independientemente de la titularidad del monte.
5.-La futura Ley de Montes deberá contemplar la obligatoriedad de invertir en la restauración de los montes quemados (sin ninguna excepción), los ingresos derivados del aprovechamiento de la madera quemada y otros productos forestales afectados.
6.-Las Leyes Forestales de las CC.AA. deberán introducir un artículo que prohíba cualquier cambio de uso permanente o temporal de los montes. Además, este aspecto deberá ser recogido también por la futura Ley de Montes.
7.-Eliminación de las quemas de rastrojos y zonas de matorral con el fin de crear pastos en áreas cercanas a las masas forestales o en lugares donde el matorral tenga gran valor ecológico (en términos de biodiversidad y lucha contra la erosión). Sustitución urgente de los permisos de quemas por desbroces mecánicos.
8.-Las CC.AA. deberán personarse como parte interesada en los procesos penales abiertos por incendios forestales, haciendo un seguimiento de los mismos hasta el final. Dándose la máxima publicidad posible tanto a las detenciones consecuencia de las investigaciones, como a las sentencias condenatorias y sanciones por actos que hayan provocado incendios forestales. Las Fiscalías deberán dar prioridad a los procedimientos en esta materia por su efecto disuasorio.
9.-Incremento de las inversiones en prevención que deberán ser superiores a las de extinción. Estableciendo sistemas de ayuda económica (subvenciones, exenciones fiscales, ...), para montes públicos y privados, orientados a la conservación y aumento de la superficie forestal existente, a la vez que incrementan la rentabilidad de ésta. Como complemento, es preciso fomentar la ampliación, creación de empleo y estabilidad del número de trabajadores en labores relacionadas con el monte. Profesionalizando las labores de prevención, detección y extinción con creación de empleo fijo y planes de formación, a la vez que se incrementa la seguridad.
10.-Medidas de control de la industria de la extinción y reforestación con el fin de que sus beneficios no dependan directamente del aumento del número y extensión de los incendios. Potenciando explícitamente la creación de sectores industriales que centren su trabajo en la conservación de las masas forestales y la prevención frente a los incendios forestales.
http://www.greenpeace.es
Article extret de: http://www.pce.es/secms/greenpeace_incendios.htm